Año perdido

Faltan 11 días para que Rubén Rocha Moya cumpla el primer año de su gobierno y como lo ordena la constitución local, el próximo 15 de noviembre presentará ante el Congreso del Estado el informe sobre la situación que guarda la administración pública. Con independencia de su contenido -que deberá indicar avances de programas, coberturas de servicios, destino del gasto y estado financiero, entre otros rubros- ya podemos analizar cuales han sido las características políticas en el inicio de su sexenio.

Primera característica. Llama la atención las frecuentes renuncias y despidos de servidores públicos de su administración [ 30 integrantes de su gabinete]. Colaboradores que él mismo nombró y que sólo duraron en funciones horas [Teodosio Fausto García, Director del ISSSTESIN] días [José Luis Guevara, Rector de la UPSIN] o meses [Ruth Gurría, Secretaria de Bienestar]. La inconsistencia es clara. ¿Qué pasó? ¿Fallaron los nombrados o se equivocó quien los nombró? En todos los casos el gobernador los denostó públicamente, los descalificó desde sus conferencias semaneras.

Segunda característica. Fracaso del diálogo y la negociación para solucionar diferendos que Rocha Moya sostuvo con importantes actores políticos de la llamada cuarta transformación. Se conflictuó públicamente con líderes de partidos, como Héctor Melesio Cuén; alcaldes como Jesús Estrada, Martín Ahumada y Luis Guillermo Benítez; así como con la diputada local Aurelia Leal.

Tercera característica. El gobernador maneja una agenda cerrada a dirigentes de los partidos políticos de oposición a los que no ve ni oye. No los recibe. No le interesa dialogar con ellos. Trascendió que quien decide quien entra, o no, al despacho del tercer piso, no es su secretario particular Alejandro Higuera, sino su jefa de oficina Cynthia Gutiérrez quien es una joven muy activa en twitter, quien por no ser sinaloense ni haber radicado en el estado, no conoce quien es quien en la sociedad que gobierna su jefe.

Cuarta característica. La carencia de perfiles calificados para el servicio público es notoria. Salvo contadas excepciones, su administración está llena de personas sin experiencia mínima para desempañar la función pública. Sin embargo, el requisito de contar con la amistad de alguno de sus hijos es suficiente para ser designados en responsabilidades claves y delicadas.

Quinta característica. El estilo de su liderazgo lo hace ver débil. Da lugar a la especulación de que quien gobierna realmente no es él. De que el poder tras el trono lo tiene otro. En sus conjeturas unos apuntan a el exgobernador Jesús Aguilar, otros al secretario de gobierno Enrique Inzunza y los más al diputado Feliciano Castro quien se ha convertido en el Robespierre de Morena.

Por otro lado, la estrechez presupuestal a la que están sometidas las finanzas del estado -como consecuencia de una falsa austeridad republicana que concentra los recursos públicos para la libre disposición del presidente de la república- no le permitió al gobernador marcar la diferencia en inversión pública en comparación con su antecesor.

Por lo anterior, en nuestra opinión, Rubén Rocha Moya llegará a su primer aniversario como un gobernador sin grandes resultados que informar. Con la culpa política de haber eliminado -con un excesivo uso de poder- a compañeros aspirantes a sucederlo en el Senado de la República. Llega también con un marcaje directo de parte de la Embajada de Estados Unidos en México por no poder garantizar la debida seguridad pública para los ciudadanos americanos que viajan a Sinaloa.

Se fue su primer año de gobierno. Le restan cinco para demostrar que valió la pena su contundente triunfo electoral que le dio un bono democrático que lo mantiene cómodo, pero que no ha querido aprovechar para convocar a diversos grupos a trabajar juntos para lograr una verdadera transformación de Sinaloa.

Todo indica que el gobernador prefiere prestar oídos a quienes lo mantienen envenenado con la idea de que es mejor golpear que construir.

Twitter: @ManzanarezTV